
El escritor agoniza en la oscura y ténebre habitación, apenas iluminada por un débil rayo de sol que lucha por entrar por los bordes de una cortina azul oscuro. El ambiente es denso, le agobia. Siente como le impide respirar con tranquilidad, relantece sus movimientos. Pero el lucha por seguir escribiendo: su obsesión, su única forma de encontrarse y al mismo tiempo de huir de si mismo.
A veces se olvida de quién es. Observa su reflejo como quien ve a un completo desconocido. Entonces, una sensación de vértigo le invade, aterrorizándolo. "¿Quién soy?¿Quien eres?" Le pregunta al espejo. "Yo soy tú" Le responde. Tal afirmación solo le crea más preguntas, confundiéndole aún más. "Yo...yo..." Siente que una gran distáncia separa sus pensamientos de su cuerpo físico. Su cara, sus manos, las arrugas de su rostro...¿De verdad todo aquello le pertenece?
"¿Quién soy?" Vuelve a preguntar.
Y ante la insatisfacción de la respuesta continua escribiendo sin descanso.
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