
Y la tierra empezó ha temblar, resquebrajándose su superfície, abriéndose en ella profundas grietas; heridas latentes en busca de sus entrañas.
De repente aquello que sostenia, que daba seguridad y el valor para avanzar, todo, se hundia y perdia su estabilidad. Ahora el mundo era un desierto de arena traicionera que devoraba sin piedad toda alma presente.
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