Era de noche pero no se veía a la luna. Quizás por eso ella andaba como perdida e insegura por la calle, sin saber exactamente a donde dirigirse. Él la miraba y pensó que tenia esencia de mariposa amarilla, aroma a bosque, voz de cuento y ojos de laguna encantada. ¡Qué cosas tan extrañas se le ocurrían aquella noche! Debía ser la ausencia de la luna, o quizás aquella figura desvalida era la misma luna, que había bajado a la tierra por alguna causa desconocida, por algún oscuro secreto.
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