viernes, 5 de noviembre de 2010


En las paredes de la habitación bailan imágenes al son de una canción lenta y armoniosa, pura. Luces que todo lo envuelven como la cálida luz de una vela. La noche afuera guarda en secreto la magia que se produce antes del soñar del infante: Carícias y un beso de buenas noches, el rastro de un perfume de madre en la mejilla, el cabello revuelto, el descanso que relaja al cuerpecito de dentro del pijama color rosa claro (su preferido), los dedos aún un poco arrugados por el baño, burbujas, párpados cerrándose, tranquilidad, calidez, luz, dibujos danzando, susurros de tiernas palabras, el regusto dulce de un postre, sábanas calentitas, almohada de plumas, el perfil de una tímida sonrisa, ronroneo de gato, el suave tacto de los peluches, la misma sensación de seguridad que al observar la lluvia por la ventana en un día de tormenta, el sonido de un tren, viajeros, su cuerpo sumergido en las profundas aguas del mundo de los sueños.

Y los colores, que la acompañan al cerrar los ojos.



"Buenas noches, mi niña"


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