martes, 29 de mayo de 2012

En el ojo de la cerradura se esconde la entrada a la llanura florecida junto al río rosáceo de peces amarillos que desentonan con el color. Alicia busca la forma de seguir el compás de la niña y la jovencita ya no tan niña. Crece y descrece, pero nunca desaparece, cosa a agradecer y que ella por ser chica educada agradece sin falta. Ajena aún a una inocencia vestida de soberbia: reflejo del mundo adulto a ojos de criatura; ajena al tiempo, también, pero sintiendo curiosidad por el efecto angustioso que produce. Quizás muchos sepan ya que Alicia no persigue al conejo blanco sino al mismo tiempo, más fugitivo que el animal. Pero yo lo repito por si acaso, y si pudiera hasta lo silbaría si este don me hubiera sido dado. Alicia sabe silbar, o eso dice ella, que hay que tener en cuenta que no es que sea niña con vicio a la mentira, sino que más bien se trata de una inclinación a concebir lo imaginado como real. Su ensoñación la transporta a lugares a veces bonitos, otras veces algo feos o desordenados, incluso sucios, cosa que se le hace del todo insoportable pues suele gustar el vestir medias blancas. Alicia sabe mucho porque lee libros sin dibujos. A ella no le gusta que un trozo de papel con garabatos le diga cómo son las grandes palmeras de la selva amazónica o las estalactitas de las cuevas prehistóricas. Ésto no es cierto, aquí nos ha mentido, pero se lo permitimos por haberse acabado hoy las verduras del plato. Algo que sí que es cierto es que ella ve por sí misma a sí misma, cosa que nosotros no sabemos hacerY gracias a este truco suyo ha visto sitios tan extraños, recónditos e inimaginables que son inconcebibles para cualquiera de la gente adulta que la rodea. Pero esta vez es distinta, que no diferente, pues no hay aventura igual a la otra; esta vez la oímos refunfuñar al comprobar extrañada cómo no encuentra la llave correcta y sí miles de falsas que ríen burlonas. La llanura florecida junto al río rosáceo de peces amarillos que desentonan con el color se le escapa. Ante tal frustración, la distancia aparece. Ahora intenta escapar de esa imagen infranqueable, creciendo y descreciendo, a la espera de la sentencia final del juicio que se libra dentro de ella entre la niña y la jovencita ya no tan niña.

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