Me duele no sentir la partida de los días malvas. Más bien me duele no haberla sentido cuando tenía que sentirla, porque mi cuerpo era entonces sensible a tales verdades leves, casi inexistentes. Ahora me cuesta escuchar pero aún más encontrar silencios, aquellos silencios que me llenaban, que me expiraban como si fuera aire.
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