Yo ansié morder la manzana y escupir el trozo robado con desdén, mirar desafiante con el fuego pasional de la juventud y desvestirme, exhibirme ante el dedo acusador y el ceño fruncido. Desee forcejear con todo grillete disfrazado de pulsera para hacer visible y molesta toda cadena que aprisiona mi cuerpo y mente, y rechazar toda inquietud inquieta en pos del enfrentamiento ciego, incesante, abrasivo. Yo que siempre fui agua estancada, enfermiza y débil, anhelé ser fuego y poder luchar en mil batallas perdidas manchadas de sangre heroica e inmortal.
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