lunes, 18 de junio de 2012

La escalera es de caracol y en su final enroscado se encuentra una pequeña y simple habitación prácticamente escondida. "¡Es un escondite!, exclamó él, contento de su encuentro. "Me quedaré aquí hasta que vuelva a aparecer esa luz roja". La luz roja quema y pellizca en la piel. "Si no queda más remedio, beberé del líquido azul de las botellas". La niña de manos como garras y ojos sin pupila le dice que es una excelente idea. Y ríe.

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