-Lo sabia y me lo ocultaba en un intento desesperado por no resultar más herida. Pero lo sabia. Las páginas del libro acaban por perecer, por mucho que te suplique que leas una más antes de la llegada de la sombra.
Durante mucho tiempo rechacé los saberes y su crueldad. Me negué a conocer los entresijos del reloj, el entramado de hilos y nudos de los pasos, la inconsciencia de las gotas de lluvia muriendo en el cristal. Yo no quería conocer nada más que no procediera de la fábula cantada por la voz de entre sábanas de nube; aquella voz que me salvaba y condenaba por las culpas del campo adusto y hostil donde se atrevió la dulce amapola a florecer un día de otoño.
Yo quería ser olvidada en vida y recordada en cuento.
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