Era alérgica al semen. No contaré cuando fue el momento concreto en que se dio cuenta de este hecho para no caer en asuntos morbosos, más que nada. Ciertamente aquello era toda una mala suerte. Una mala suerte dolorosa. En contacto con la sustancia blancuzca se le enrojecía la piel y le salían unas desagradables manchas bulbosas. La irritación se le pasaba en una o dos horas, en las que ponía todo su esfuerzo en no rascarse. La picazón era tan inaguantable que a veces se le saltaban las lágrimas. Fue una desgracia que pereciera en aquel bukkake.
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