-¿Quién eres?
-Alicia.
-Encantado de conocerte, Alicia.
-(ríe) ¿Subes al columpio? ¡Hagamos una competición a ver quién llega más alto!
-(sube al lado) Se te da mucho mejor a ti.
-Es que suelo venir a menudo a este parque, sobretodo por esta hora de la tarde, cuando está todo tan tranquilo y silencioso. ¡Así puedo entrenarme mejor al columpio! (ríe infantilmente)
-¿Siempre vienes sola?
-Sí.
-¿Nunca te acompaña ningún amigo o familiar?
-(seria) Ellos no lo entienden, aunque a veces lo intentan. (recupera la sonrisa) ¡Seguro que cuando vean lo alto que puedo columpiarme se sentirán orgullosos de que me llame Alicia!
-Yo quiero entenderte, Alicia.
-(se para y mira sus zapatos) Aunque quieras hay demasiados espejos. ¿Qué es lo que ves, el reflejo de quién mira o el que mira al reflejo? (juega con la arena)
-Te veo a ti, que eres tanto uno como lo otro.
-Yo solo soy Alicia, nada más. Me gusta ir al parque a jugar a los columpios y reír (ríe)
-(susurra algo incomprensible)
-¡Uy! Empieza a ser muy tarde, ya casi es noche cerrada. (abre la palma de la mano como si fuera a llover) Disculpa, he de ir a casa a cenar. ¡Ojalá haya pastel de la abuelita de postre! (salta del columpio) ¡Adiós! (baila dando saltos y giros)
Él se queda solo en el parque sentado en el columpio. Mira completamente inmóvil en la dirección hacía donde ha ido ella. La noche se le cae encima, oscureciéndolo todo.
-(antes de irse la luz) Tan dulce y cruel... (oscuridad)
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