viernes, 25 de noviembre de 2011
La bailarina danza dando vueltas y más vueltas, sin nunca parar. Todo lo que le rodea, el mundo que envuelve su ser, no puede ser visto ante su mirada huidiza mas que en forma de imagen borrosa. No conoce el olor de la tierra húmeda, ni el suave tacto de los pétalos; desconoce las arrugas de los árboles y las figuras con que las nubes decoran los cielos. Pero no siente pena alguna, porque no puede. Ella no es más que movimiento continuo; vida sin consciencia. Carece de nombre con el que poder proclamar una identidad propia. Danza, gira, dando vueltas y más vueltas. El resto: pena, alegría, sorpresa, encanto, deseo, frustración, envidia, egoísmo, arrepentimiento, perdón; todo lo demás, nace en el interior de quién observa su baile eterno, buscándole con cierta inquietud un sentido a tal existencia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario