Hablo a la flor silvestre, al árbol de rojos frutos, al pájaro celeste.
Escucho al libro que susurra verdades sobre el sujeto libre.
Contemplo el misterio de la dulzura en las arrugas del mar inmortal.
Devoro el alimento prohibido con glotonería,
peligrosa cual diosa griega mostrando su
blanca y lasciva desnudez a doctrinas aterrorizadas
por el pecado.
¡Temblad! Porque siento, porque pienso.
¡Temblad! Porque me percato de lo invisible a la vista del fin del ocaso.
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