lunes, 23 de abril de 2012

Seguramente haya estado caminando siempre encima de suelo fúnebre; cementerios antiguos donde fueron olvidados los restos al morir el último que llorara el recuerdo de alguno de los fallecidos que yacían durmiendo bajo tierra. Yo también quiero ser abrazada por las raíces: volver al principio.
He roto espejos. He visto mi deformación gradual al reconstruir los pedazos una y otra vez. Pero eso lo hace tanta gente que siento vergüenza de mi vulgaridad. Me refugio en mis rarezas, por traerme en su extraño semblante la posibilidad de una identidad. Cuando llueve salgo a afuera a acompañar a la lluvia en su lamento, porque no soy nada más de lo que soy, y desearía ser lo imaginado, el revestimiento de la pesadilla de detrás la ventana de cortinas rojas. Subo al escenario haciendo crujir la madera bajo mis pies, concentrándome en este ruido al no poder percibir nada delante mío; nada más que luces desnudándome a la vista de rostros ciegos. No esperéis nada de mí; ningún bello salto, ninguna grácil nota, ni siquiera una cómica mueca. Yo solo he venido a ser no-vista para poder ser arrastrada por la tormenta a los refugios del olvido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario