La madre nunca habla y la hija teme el día en que lo haga. Recuerda un murmullo detrás de la cortina, una melodía abortada. Después el golpe del cuchillo encima de la encimera cortando tendones. Desaparece el murmullo. La hija vuelve a sumirse en la cotidianidad. De tanto callar olvidó la libertad del canto. Aquella mujer había sido cantante, artista de pies ligeros. Nadie recordaba esos pasos inquietos. Una muerte real.
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