Yo no pedí ser creada.
Empieza el simulacro: el tú habla con el yo de un él ausente. Todos apelamos al engaño de una síntesis identitaria. Advierto: yo no escogí mi nombre, no fue una elección. Así pues, ¿qué puede esperarse de un principio opresor?
Repito: yo no pedí ser creada.
Este momento ya ha pasado, se retuerce hacía el presente, después el pretérito, y la espera futura acechante entorno al re.
Recreo reexperimentando un reencuentro recompuesto en la recreación. Erre que erre. Frustación de la escala musical.
Repito: yo no pedí ser creada.
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