sábado, 9 de febrero de 2013

¿Conoces esta sensación de ser vida de otros?
No comprendo que fue lo que me hizo levantar la mano al alto techo, tanto más vacío en su altura; no comprendo que me hizo cantar frases arrastrándose por la alfombra de la galería. Este lugar no es mío; en mí solo pertenece el Otro que se llama a sí mismo a partir de mis gestos, mi voz. Incluso bailé la danza de los impulsos, compulsionándome en la pérdida de razón: recta trazada que yo curvo una y otra vez por vicio al no. 
¿Por qué se me nubla la mente hasta el punto de ser espectador de mi misma? ¿Por qué tan solo alcanzo la nitidez de mi visión en la práctica del morir? Nunca abandoné al sueño, nunca hubo sueño, nunca hubo quien lo soñara. En cada paso se aleja la cercanía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario