sábado, 1 de diciembre de 2012

Spiegel

Me gusta el cristal. Su transparencia nos devuelve la misma imagen distinta. Puede ser frío, puede ser cálido, pero nunca por voluntad propia. Es lo que su forma hace que sea; tan poderoso, tan frágil. Cuando se rompe puede tener una muerte lenta, al paso de una grieta alargando sus garras, y ¡zas! caen y caen lo que antes había, fue, hubo sido, sin tener la verdad de ser. El cristal chilla al descomponerse y maldice. Su grito desgarra la carne, sus pedazos, esparcidos en la fugacidad de lo eterno, lloran. Restos melancólicos; restos de restos hundiéndose en la inexistencia.

2 comentarios:

  1. "El velo. Soy incapaz de ver el velo, y no soy capaz de quitarlo. El velo no es del todo opaco, tampoco es transpatente; es translúcido. Sé también, aunque vagamente, de qué material está hecho. El velo se vuelve opaco en la medida en que la mente se concentra en lo que le agrada o le desagrada, en cualquiera de los pensamientos que ha surgido a raíz de una percepción. El velo es apego. Tras el velo, hay amor, infinito amor, amor sin deseo, sin apego. No logro rajar el velo. La consistencia del velo es la detención. Detener lo ocurrido, volver a repetirlo. El velo es detenerse. El deseo en sí mismo no es el problema, el problema es detenerse hasta que duela. El dolor es el velo. Cuando el deseo se vuelve doloroso, teje."

    Chantal Maillard

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me gusta mucho tu regalo. Ya sabes que puedes pasarte cuando quieras y dejarme cosiñas, no hace falta que preguntes.

      Eliminar