Caminaba por el camino de baldosas grises, niña sin juegos ni risa de colores. Luces de farola le hacían de estrellas y ella creía que no existían otras. ¿Sentiría el desamparo de la noche huérfana de luna? Ella solo caminaba, mirando al suelo y a sus zapatos azules que teñiría de sangre al convertirse en mujer. Nadie la ve, nadie ha oído ni una sola palabra salir de sus labios mordidos, ensangrentados. Tiene nombre, pero si no se lo repitiera a ella misma en la oscuridad de su caminata solitaria pronto se olvidaría de ello. Igualmente, a veces se olvida. Ella solo caminaba, ella solo camina. Hasta el día en que un destino engañoso y el choque de un accidente la devuelva al centro mismo de su ser, a morir y nacer del sacrificio y el dolor de sus propias entrañas.
Por ahora, solo camina.
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