Me encuentro prisionera en esta habitación sin ventanas, desde tiempo atrás, sin conocer el motivo de mi encierro ni el nombre de aquel que cerró la puerta y escondió la llave.
El tiempo transcurre entre estas cuatro paredes, lo sé, pero no tengo la guia del sol y la luna como testigos de la realidad de este hecho. Aquí, en esta dimensión, todo se divide en antes y ahora.
Ahora, permanezco inmóvil en el rincón más apartado de la puerta, sin ver ni sentir, habiendo renunciado a la calidez para alejar el frío que roía mis huesos
Y ahora ya no soy, ya no estoy, ya no deseo salir. Sólo duermo e imagino que vivo.
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