jueves, 1 de septiembre de 2011

El foco


Nada, nada, nada, nada, ¡luz! Algo se oculta en el resplandor pero no puedo ver, no después de tanta oscuridad, no después de la nada. Nada, nada, nada, nada ¡luz! y nada otra vez.
¿Por qué se asoman voces sin cara? Retumban mis pasos, no quiero oírlos, no puedo silenciarlos, me paro. Quiero sentir el frío suelo, me tumbo, sigo sin ver. ¿Donde estoy? ¿Donde se hallan las miradas de los sin rostro? Algo se oculta en el resplandor, lo sé, pero no puedo ver, no todavía, quizás nunca. Ahora sé que existen las sombras, ahora las veo pero no lo que provoca su visión. Siento miedo de la luz porque desconozco qué se oculta en ella. Cierro los ojos y me siento mecer por los brazos familiares de la oscuridad, las sombras, la nada.

Acogerme en la eternidad de mi ceguera, suplico.

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