En el puerto los barcos descansaban. Les cantó una nana para adormecerlos y se quedó con ganas de bailar, pero no debía hacer ruido para no despertarlos. Empezó a dibujar con la mirada el perfil del horizonte. Decidió que aquel día el mar sería de color violeta, y así lo pintó.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Violeta
Hoy cuando salió a la calle su barrio de calles sucias y edificios feos se había convertido en un pueblecito costero. Saludó a todos los habitantes que se toparon en su camino al puerto: antipáticos ancianos propagaron un gruñido a modo de respuesta; vivarachas pescaderas le correspondieron a voz en grito con ademán de madre pragmática; grupos de niños jugando anunciaban su nombre entre risas; jóvenes muchachas descuidaron sus modales al no percatarse de su presencia, absortas como estaban en su vanidad adolescente; hombres de rostro cetrino, viejos lobos de mar, le devolvieron una mirada fugaz.
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