No enciendas la luz, siento que ya no pertenezco a su mundo, déjame taparme con los retales sueltos de la noche desaparecida. Al irse el astro de luz siento pena, cuando vuelve siento miedo. No sé si seré capaz de soportar su mirada acusadora. Una mano me arrastra a la parte oscura. Todo ocurre dentro de mi mente. Me desconozco tanto, ¡tantísimo!
Hay un hombre que nunca llora. No por falta de sentimiento, sino por la desgraciada maldición de un ente vengativo. En su lloro las lágrimas son escarlata, fruto de su propia sangre mancillada. Le conté una triste historia y casi murió desangrado. ¿Ves? no enciendas la luz, siento que podría descomponerme en la negrura.
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